Entras a la habitación de tu hijo en la mañana y encuentras la almohada mojada. Otra vez. Lo has visto pasar tantas veces que ya casi lo normalizas, pero en el fondo te preguntas si es normal o si hay algo que revisar.
La respuesta corta: depende. Y vale la pena entenderlo.
Primero, ¿por qué babea cualquier persona al dormir?
Durante el día controlamos la saliva tragando constantemente. Mientras dormimos, tragamos con mucha menos frecuencia y perdemos el control consciente sobre los músculos de la boca. Resultado: la saliva se acumula y sale. Esto es completamente normal, especialmente en sueño profundo.
En los niños pequeños hay una razón adicional: la sialorrea, que es el nombre clínico del babeo excesivo, es un fenómeno normal en los primeros años de vida, que solo debe evaluarse si persiste después de los 2 años.
¿Cuándo sí hay que prestar atención?
Si tu hijo ya pasó los 2 años y sigue babeando mucho al dormir, la causa más frecuente no es la saliva en sí misma: es la posición de la boca. Babear al dormir no siempre se debe a un exceso de saliva. Muchas veces ocurre simplemente porque el niño duerme con la boca abierta: aunque el volumen de saliva sea normal, tiene una salida más fácil.
Y aquí entra algo muy importante que pocos papás conectan: en los niños, la salivación excesiva durante el sueño puede indicar que las amígdalas o adenoides están agrandadas, bloqueando las vías respiratorias y obligando al niño a respirar por la boca.
En palabras más sencillas:
Imagínate que intentas tomar agua por un pitillo que está medio tapado, tu cuerpo automáticamente busca otra salida. Algo parecido pasa cuando las amígdalas o las adenoides (que son unas pequeñas estructuras en la garganta y detrás de la nariz que ayudan a defenderse de infecciones) se inflaman o crecen demasiado. Ese crecimiento puede tapar parcialmente el paso del aire por la nariz, y el cuerpo del niño, sin que él se dé cuenta, empieza a respirar por la boca para compensar. Boca abierta toda la noche, saliva que escapa. Así de sencillo.
Infografía:

La boca abierta no es solo un hábito
Lo normal es respirar por la nariz. Cuando un niño respira por la boca de manera constante, puede desarrollar propensión a caries, mal aliento y acumulación de bacterias, además de maloclusiones dentales como la mordida abierta, el paladar estrecho y la mandíbula retraída.
Es decir: una almohada mojada puede ser la primera pista de algo que, si no se atiende a tiempo, afecta directamente la sonrisa y el desarrollo de tu hijo.
¿Qué señales deben encender las alarmas?
Consulta con un especialista si además del babeo notas que tu hijo ronca frecuentemente, duerme con la boca abierta siempre, amanece cansado aunque haya dormido suficiente, o tiene la boca seca y mal aliento en las mañanas.Si quieres seguir aprendiendo sobre la salud bucal de tu pequeño, en nuestro blog encontrarás todo lo que necesitas saber como papá o mamá. Haz clic aquí y sigue leyendo.
